ORIGEN Y PROYECTO de la Creación. Lectura de los once primeros capítulos del Génesis. Clase 3

Gen 1,1-2,4a

CAPITULO 1

v1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra.

v2 La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.

v3 Entonces Dios dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió.

v4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas;

v5 y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.

v6 Dios dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió.

v7 Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él;

v8 y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

v9 Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió.

v10 Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno.

v11 Entonces dijo: “Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro”. Y así sucedió.

v12 La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno.

v13 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.

v14 Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años,

v15 y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió.

v16 Dios hizo que dos grandes astros -el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche – y también hizo las estrellas.

v17 Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra,

v18 para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno.

v19 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.

v20 Dios dijo: “Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo”.

v21 Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno.

v22 Entonces los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra”.

v23 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.

v24 Dios dijo: “Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie”. Y así sucedió.

v25 Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.

v26 Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”.

v27 Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.

v28 Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”.

v29 Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento.

v30 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió.

v31 Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

CAPITULO 2

v1 Así fueron terminados el cielo y la tierra,, y todos los seres que hay en ellos.

v2 El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido.

v3 Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque en él cesó de hacer la obra que había creado.

v4 Este fue el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados.

El texto tiene un esquema muy determinado: la acción de Dios se realiza a través de “separaciones” sobre el caos.

Dios interviene con un poder creador penetrando la realidad caótica existente. La separación genera “orden”. En este sentido, el acto creador es un acto “ordenador”, separando continuamente lo que va creado (luz / tinieblas, aguas de arriba / aguas de abajo, etc.)

En el siguiente cuadro se puede ver la clasificación y el orden de versículos y obras realizadas en cada día.

vv. 3-5

Dia I

Obra 1

Separación de luz y tinieblas.

vv. 6-8

Dia II

Obra 2

Separación de aguas inferiores y superiores.

vv. 9-10

Dia III

Obra 3

Separación de la tierra y las aguas.

Obra 4

Aparición de las plantas

vv. 14-19

Dia IV

Obra 5

Creación de los astros, la lámpara del día y la lámpara de la noche..

vv. 20-23

Día V

Obra 6

Aparición de los peces y de las aves.

vv. 24-25

Dia VI

Obra 7

Creación de los animales terrestres.

Obra 8

Creación del hombre

El orden de este esquema no es cronológico. Y no era esta la intención del autor. Esto se comprueba en el hecho de que, por ejemplo, las “lámparas” (vers. 14-19) aparecen luego de la luz (vers. 3). Este orden tiene, por lo tanto, un interés catequético – kerigmático, en donde el hombre es creado al final, como meta de la creación. El hombre aparece así como la plenitud de todo lo creado y hacia quien va dirigida toda la existencia.

Todo apuntará a la creación del hombre y la finalidad: el sábado. Terminada la obra creadora, el autor muestra su mensaje final: el descanso de Dios.

De esta manera el relato tiene un esquema se “semana laboral”. Esta semana es creadora y culmina en el merecido descanso.

Dios es “trabajador” y el hombre (máxima expresión del trabajo de Dios), como su imagen ha de vivir esa misma condición: trabajar y descansar.

En cuanto a la creación de “las obras”, en cada una de ellas se observa un esquema fijo:

  1. Una introducción: dijo Dios

  2. Un mandato o palabra: “sea…”, “que (se) aparezca…”

  3. Una fórmula de comprobación del hecho: “y así fue…”

  4. El relato-ejecución: “y Dios hizo (vv. 7, 16, 15), separó (vv. 4, 7), creó (vv. 21, 27), puso (v. 17), bendijo (vv. 22,28) o “la tierra produjo” (v. 12).

  5. La imposición del nombre: “Y llamó Dios…”

  6. Fórmula de aprobación. “Vio Dios que era bueno

  7. La enumeración de los días: “hubo una tarde y una mañana: día…”.

¿Qué significan estos elementos?

  • La fuerza creadora de Dios a través del elemento espiritual de la Palabra

  • Conexión entre Palabra-ejecución: las cosas se hacen tal como Dios las dice.

  • Los elementos son nombrados, tienen entidad e identidad, ya no forman parte del caos. Tienen nombre y se los puede identificar como creación de Dios.

  • Las cosas son buenas, porque son obras de Dios y no de un principio del mal.

Las palabras a rescatar de esta estructura son:

  • Hacer

  • Crear

  • Separar

  • Bendecir

  • Poner

  • Nombrar

El sujeto de estas acciones es Dios, que no depende de nada, ni de ningún otro dios para el acto creador.

Como hemos visto, en tiempos en que se redacta este texto-relato el pueblo se encuentra cautivo en Babilonia. Allí todo el cosmos está divinizado. Cada astro, estrellas, constelaciones, y la tierra misma, son divinidades.

El autor sacerdotal quiere transmitir que nada fuera del único Dios es Dios y que todo es obra de Él.

En este proceso creador interviene La Palabra de Dios.

En el exilio, cuando no había culto, ni sacerdocio, ni rey; cuando el pueblo no tenía cómo convocarse tal como lo hacía antes y no existían las mediaciones tradicionales (el Templo, el culto y los sacrificios), el mismo pueblo debía buscar nuevos caminos para encontrarse con un Dios “nuevo”.

Así, La Palabra de Dios ha sido aquello que re-unió y re-creó al mismo pueblo.

En este tiempo de crisis, el pueblo debía considerar que lo pasado ya no existía y que debía reencontrarse con Dios de una manera nueva, que antes no había experimentado.

Las crisis, en este sentido, invitan siempre a reencontrarse con lo esencial ya que las mediaciones quizás ya no existan más. La tarea fue no renunciar a la necesidad de mediaciones para el encuentro con Dios, ni remendar las antiguas, sino encontrarse con lo esencial de ellas. Y lo esencial exige, nuevamente, buscar otras mediaciones.

Esta Palabra, por ser de Dios, es creadora, fundante, verdadera y eficaz: hace lo que dice. La Palabra de Dios es digna de creer, de aceptar y de vivir. No es palabra humana, que se pierde en promesas, sino eficaz en el hacer. No hay separación ni distinción entre el “decir” y “hacer”. Por eso puede crear una nueva realidad. Esa será, a partir en tiempo, la nueva mediación entre Dios y su pueblo.

Ezequiel, el sacerdote convertido en profeta en el exilio, también recurre al tema de la Palabra para anunciar al pueblo su resurrección (Ez 37,1-14). En medio de la muerte la Palabra “resucita” al pueblo. El profeta ha de profetizar sobre los huesos secos para que reciban el Espíritu de Dios que les devolverá la vida. El relato termina con la sentencia: “he hablado y he hecho, dice el Señor” (Ez 37,14)

A la vez, se observa el detalle de la semana de creación, con total orden, porque el acto creador es también ordenador. Con un cuidado propio de la casta sacerdotal, el autor ubica cada elemento en un determinado día y todo tiene un sentido en el marco global de lo existente.

El relato también presenta un “clímax” en la creación de la pareja humana. Ellos, sin nombre, son representantes de toda la raza humana. Su unidad es reflejo de la unicidad de Dios: “creó al hombre, macho y hembra los creó” (Gen 1,26-27).

El hombre no es completo si no es en sociedad, si no vive en comunidad buscando y encontrando aquello que complete y complemente su ser.

Lejos está de una postura individualista y burguesa, en la cual el hombre busca aprovecharse de los otros para buscar su bienestar. Aquí el hombre se compromete, como sociedad, a cooperar en el proyecto creador de Dios.

Nada en la creación es semejante al hombre, porque el hombre es semejante a Dios. Y eso funda, también, una relación con su creador. El hombre, como sociedad, tiene una relación con Dios, no legal, ni moral, sino existencial primero y de responsabilidad después.

El hombre ha recibido, pues, una misión de parte de Dios: poner vida en la creación, a través de la reproducción multiplicándose y dominando la naturaleza y todo lo creado.

El texto está extraído de la versión La Biblia. El libro del Pueblo de Dios.

Seguimos en este punto el libro El hombre en el mundo 1. Creación y designo. Estudio de Génesis 1,1-2,3 de Severino Croatto, Ed. La Aurora, 1974.

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